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Había una vez un tesoro que se sabia tan deseado por tanta gente que decidió esconderse dentro de el mismo. Estaba muy cansado de las ansias que atiraban hacia el los menos generosos, los mas avaros, los mas codiciosos: todos aquallos cuyos dedos ganchudos estaban despuestos a embargarlo, o comprarlo, cogerlo u robarlo para encarcelarlo dentro de los cofres cada vez mas oscuros y mas profundos. Todos aquellos, de echo, cuyo egoísmo aumentaba.
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